lunes, 12 de enero de 2009

Manos que oran.

En el siglo XV, en una pequeña aldea cercana a Núremberg, vivía una familia con varios hijos. Para poner pan en la mesa para todos, el padre trabajaba casi 18 horas diarias en las minas, como orfebre y joyero, y en cualquier otra cosa que se le presentara. Dos de sus hijos tenían un sueño: querían dedicarse a la pintura.

Pero sabían que su padre jamás podría enviar a ninguno de ellos a estudiar a la Academia. Después de muchas noches de conversaciones calladas, los dos hermanos llegaron a un acuerdo. Lanzarían al aire una moneda, y el perdedor trabajaría en las minas para pagar los estudios al que ganara. Al terminar sus estudios, el ganador pagaría entonces los estudios al que quedara en casa con las ventas de sus obras.

Así, los dos hermanos podrían ser artistas. Lanzaron al aire la moneda un domingo al salir de la Iglesia. Uno de ellos, llamado Alberto Durero (o Albrecht Dürer en alemán), ganó y se fue a estudiar a Núremberg

Entonces el otro hermano, Albert, comenzó el peligroso trabajo en las minas, donde permaneció por los próximos cuatro años para sufragar los estudios de su hermano, que desde el primer momento fue toda una sensación en la Academia. Los grabados de Alberto, sus tallados y sus óleos llegaron a ser mucho mejores que los de muchos de sus profesores, y para el momento de su graduación, ya había comenzado a ganar considerables sumas con las ventas de su arte.

Cuando el joven artista regresó a su aldea, la familia Durero se reunió para una cena festiva en su honor. Al finalizar la memorable velada, Alberto se puso de pie en su lugar de honor en la mesa, y propuso un brindis por su hermano querido, que tanto se habia sacrificado trabajando en las minas para hacer sus estudios una realidad. Y dijo: "Ahora, hermano mío, es tu turno. Ahora puedes ir a Núremberg a perseguir tus sueños, que yo me haré cargo de todos tus gastos".

Durero, Nacionalidad: Alemania Núremberg (1471) - (1528) . Estilo: Pintura Flamenca.

Todos los ojos se volvieron llenos de expectativa hacia el rincón de la mesa que ocupaba su hermano. Pero este, con el rostro empapado en lágrimas, se puso de pie y dijo suavemente: "No, hermano, no puedo ir a Núremberg. Es muy tarde para mi. Estos cuatro años de trabajo en las minas han destruido mis manos. Cada hueso de mis dedos se ha roto al menos una vez, y la artritis en mi mano derecha ha avanzado tanto que hasta me costo trabajo levantar la copa durante tu brindis. No podría trabajar con delicadas líneas el compás o el pergamino, y no podría manejar la pluma ni el pincel. No, hermano, para mi ya es tarde. Pero soy feliz de que mis manos deformes hayan servido para que las tuyas ahora hayan cumplido su sueño".

Más de 450 años han pasado desde ese día. Hoy los grabados, óleos, acuarelas, tallas y demás obras de Alberto Durero pueden ser vistos en museos alrededor de todo el mundo. Pero seguramente usted, como la mayoría de las personas, solo recuerde uno. Seguramente hasta tenga uno en su oficina o en su casa.

Es el que un día, para rendir homenaje al sacrificio de su hermano, Alberto Durero dibujó: Las manos maltratadas de su hermano, con las palmas unidas y los dedos apuntando al cielo. Llamó a esta poderosa obra simplemente: "Manos", pero el mundo entero abrió de inmediato su corazón a su obra de arte y se le cambio el nombre a la obra por el de "Manos que oran".


Hasta la próxima sonrisa!!!
Dios mediante!!!

Besitos y bendiciones infinitas para tod@s.
Feliz Semana.
Se les quiere.

6 comentarios:

Adrisol dijo...

hola angélica!!

maravillosa historia has contado, te digo que se me erizó la piel!!!
desde el sacrificio del hermano que quedó hasta la obra de arte del otro hermano...........una belleza que no conocía.
gracias por compartirlo
un abrazo giganteeeeeeee

Festival Mariano dijo...

No tengo palabras, es una historia preciosa de la que podemos aprender algo todos.
Gracias por compartirla
besitos
Lourdes

Marina dijo...

Excelente y conmovedor Angelica, me recordo un poco la historia de mi Padre, quien le toco trabajar por su hermana. Abrazos

ILUSION dijo...

Hola Angélica¡

¡Qué Belleza y conmovedora historia¡ me ha gustado mucho, gracias amiga querida¡¡¡¡

Besitos y un gran abrazo¡¡¡¡

BUDOKAN dijo...

Aprovecho para dejarte saludos y un Feliz año!

Alí Reyes H. dijo...

Esa historia de "las manos que oran" está fenomenal...Algo sospechaba yo al respecto, pues es una imágen que siempre va ligada a la reflexión mística humana y divida...esa es la palabra: DIVINA