jueves, 23 de junio de 2011

Háganlo ahora

"Si descubriéramos que sólo nos quedan cinco minutos para decir todo lo que deseamos decir, todas las casetas telefónicas estarían ocupadas por personas que llaman a otras para decirles que las aman" Christopher Morley.

En una clase que doy a personas adultas, recientemente hice lo "imperdonable". ¡Dejé tarea a los alumnos!. La tarea era "acercarse durante la siguiente semana a alguien a quien amen y decirle que lo aman. Tiene que ser alguien a quien nunca le hayan dicho esas palabras con anterioridad o, al menos, con quien no hayan compartido desde hace mucho tiempo".

No parece una tarea muy difícil, hasta que nos detenemos a analizar que la mayoría de los hombres en ese grupo tienen más de 35 años y fueron criados en la generación a la que le enseñaron que expresar las emociones no es "machos". El demostrar los sentimientos o llorar ¡ni Dios lo quiera! no se hacía. Por lo tanto, fue una tarea muy amenazante para algunos.

Al principio de nuestra siguiente clase, pregunté si alguien deseaba compartir lo sucedido cuando confesaron a alguna persona que la amaban. Esperaba plenamente que una de las mujeres se ofreciera como voluntaria, como casi siempre era el caso, pero esa noche, uno de los hombres levantó la mano. Parecía un poco conmovido y un poco impresionado. Cuando se puso de pie (su estatura es de 1,88 metros) empezó a decir: "Dennis, la semana pasada me enfadé bastante contigo cuando nos dejaste esta tarea. No sentí que tuviera a alguien a quién decir esas palabras; además, ¿quién eras tú para sugerirme que hiciera algo tan personal? Sin embargo, cuando conducía hacia mi casa, mi consciencia empezó a hablarme. Me dijo que sabía con exactitud a quién necesitaba decir "te amo".

Hace cinco años, mi padre y yo tuvimos un altercado y nunca lo solucionamos desde entonces. Evitamos vernos, a no ser que sea absolutamente necesario, como en Navidad y en otras reuniones familiares. Incluso entonces, apenas si nos hablamos. Por lo tanto, el martes pasado, cuando llegué a casa, ma había convencido a mí mismo que le diría a mi padre que lo amaba.

Es extraño, pero el solo hecho de tomar esa decisión pareció quitarme un peso de encima. Cuando llegué a casa, me apresuré a entrar para comunicarle a mi esposa lo que iba a hacer. Ella ya estaba en la cama, pero la desperté. Cuando se lo dije, no solo se levantó, sino que lo hizo con rapidez, me abrazó y, por primera vez en nuestra vida matrimonial, me vio llorar. Permanecimos levantados hasta la medianoche, bebiendo café y charlando. ¡Fue maravilloso!.

A la mañana siguiente, me levanté temprano y alegre. Estaba tan entusiasmado que apenas si pude dormir. Llegué temprano a la oficina y logré hacer más en dos horas que lo que hacía antes en todo un día.

A las 9:00 am llamé a mi papá para ver si podia visitarlo después del trabajo. Cuando contestó el teléfono, solo dije: "¿Papá, puedo visitarte esta noche después del trabajp? Tengo algo que decirte..." Mi papá respondió malhumorado: "¿Y ahora qué?" Le aseguré que no tomaría mucho tiempo y, finalmente, aceptó.

A las 5:30 pm estaba en la casa de mis padres y llamaba a la puerta, orando para que papá abriera la puerta. Temía que si mamá la abría, yo me acobardara y se lo dijera a ella en vez de a él. Sin embargo, por suerte papá abrió la puerta. No perdí tiempo. Di un paso y dije: "Papá, sólo vine a decirte que te amo". Fue como si mi papá se transformara. Ante mis ojos, su rostro se suavizó, las arrugas parecieron desaparecer y empezó a llorar. Extendió los brazos, me abrazó y dijo: "También te amo, hijo, pero nunca he podido decírtelo".

Era un momento tan precioso que no quería moverme. Mamá se acercó con lágrimas en los ojos. Yo solo moví la mano para saludarla y le di un beso. Papá y yo nos abrazamos durante un momento más y después me fui. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan maravillosamente. No obstante, ese no es mi punto.

Dos días después de esa visita mi papá, que tenía problemas cardíacos y no me lo había dicho, sufrió un ataque y terminó en el hospital, inconsciente. No sé si logrará recuperarse. Por lo tanto, mi mensaje para todos ustedes en la clase es este: No esperen para hacer las cosas que saben que necesitan hacer. ¿Qué habría sucedido de haber esperado para decírselo a mi papá? ¡Tal vez no vuelva a tener la oportunidad! ¡Tomen tiempo para hacer lo que necesitan hacer y háganlo ahora".

Humberto A. Agudelo C.
Vitaminas diarias para el espíritu.
Paulinas-Grupo Editorial.


.:*:.Hasta la próxima sonrisa.:*:.
*.*Dios mediante*.*
-*-Bendiciones infinitas-*-
.*.Se les quiere mucho.*.

1 comentario:

Bego dijo...

Siempre dejamos las cosas mas importantes para después.
Que bella historia.

Un abrazo amiga Angélica.